martes, 26 de noviembre de 2013


El primer rayo de sol entró por una abertura de la persiana. Ella lo sintió en los ojos y se despertó. La luz le molestaba. Al fin y al cabo llevaba días sin salir de la cama. A su lado, en el suelo, tirada la botella de la noche anterior. Al lado de esta, las botellas de todas las noches anteriores y todos los pañuelos que habían secado sus lágrimas amargas. En la mesilla, un cenicero lleno de colillas de todos los cigarros que se habían consumido. Igual que su vida. 

Decidió que ese era el día de apagar todo definitivamente. Y se levantó. Sintió un dolor fuerte en la cabeza, que apenas le permitía moverse. Fue hacia el baño vagando por un largo y estrecho pasillo, oscuro como su casa, oscuro como su pensamiento. Llegó allí y se miró al espejo. La imagen que vio era totalmente distinta de la que tenía ella antes. Y lloró una vez más.

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