Sintió que su piel se estremecía una vez más. Ella sabía que lo quería. Sabía que él también lo hacía. Sin embargo, algo en su interior se encendía tras cada pequeña señal. Aquello que tornaba luminoso y, sobre todo, peligroso tenía una identidad propia. Ella lo conocía muy bien y trataba de luchar en cada minuto de su vida, a pesar de la dificultad que conllevaba. Luchaba con todas las fuerzas que su cuerpo le permitía, pero no lograba vencerlo. Su nombre era miedo y su color el rojo.
Aquella noche el miedo se había vestido imponente, tratando de intimidar a su víctima una vez más. Por su parte, la niña vestía su traje de valentía, que le permitía protegerse contra los ataques que de sobra sabía que sufriría en ese momento.
Esta vez ella estaba convencida de que vencería... Y venció.
Aquella noche el miedo se había vestido imponente, tratando de intimidar a su víctima una vez más. Por su parte, la niña vestía su traje de valentía, que le permitía protegerse contra los ataques que de sobra sabía que sufriría en ese momento.
Esta vez ella estaba convencida de que vencería... Y venció.